Therian | La nueva identidad.

 


Los Therian están de moda. Han llegado para marcar un hito en la historia de lo cómico y lo absurdo de la condición humana. Algunos si se sienten perros de verdad, otros lo hacen por puro desmadre. Al final, no se sabe quien es quien y para el caso da lo mismo.

Esta tarde tuve la dicha de ver a la primera comunidad de perros Therian en Plaza Fiesta. Ahí frente a la entrada de Cinépolis. Una joven traía dos Therian caminando a cuatro patas y animaba a los transeúntes a convivir con ellos.

Me detuve un momento a saludarlos y la joven, muy bella y amable, me ofreció unas croquetas para que se las diera a sus mascotas. Yo, fiel a mi estilo, accedí con gusto.

—¡Ay señor! —exclamó la joven— Ojala hubiera más personas como usted.

Levanté la vista mientras acariciaba a uno de ellos y pregunté por qué decía eso.

—Es que usted es el único que ha sido amable con mis cachorritos, los acaricia, no juzga y hasta los está alimentando de su mano.

—¡Un perro es un perro! —exclamé— No importa su condición biológica ni como lo ha etiquetado la sociedad.

Una gruesa lágrima de agradecimiento cayo por la mejilla de la joven mientras los dos cachorros (de unos veinte años cada uno) se acurrucaban en mis brazos.

Me incorporé rápido porque descubrí a un grupo de chicas que nos estaban grabando con sus celulares.

Estos güeyes traen máscara pero yo no, al rato voy a ser viral en tik tok, ¡puta madre!

Si los Therian creen que se están inventando algo nuevo, están muy equivocados.

Yo he conocido Therian desde que tengo uso de razón.

En la casa de mi tío Héctor había dos. Uno adulto y otro pequeño.

El adulto, de nombre Rubén y apodado “el chaparro” por su baja estatura y complexión corpulenta, solo requería de dos o tres cubas de brandy bien cargadas y una música jocosa, para tirarse al suelo y comenzar a aullar como perro, como lobo, y como gato.

El pequeño, mi primo Teto. Con 5 años era un Therian consumado. Ladraba, comía croquetas, corría en cuatro patas…y también mordía. Su mamá lo sorprendió varias veces con cinturonazos, y fiel a su condición, corría a refugiarse mientras aullaba de dolor…y se lamía las heridas.

No. Los Therian no están inventando nada.

En la década de los 90, del siglo pasado, mi amigo Julio Capitanachi aullaba como lobo hambriento cuando veía mujeres hermosas mientras dábamos el rol en el coche de Jorge González. Música de Miguel Mateos, y mucho ron y tequila circulando por el torrente sanguíneo.

Yo mismo sacaba la cabeza por la ventanilla del Jetta y lanzaba aullidos alcoholizados por el puro placer de hacerlo.

La diferencia en todo caso es que los Therian de hoy escuchan Bad Bunny, BTS y corridos tumbados.

Nosotros, mis amigos de juventud y yo, escuchábamos Miguel Mateos, Duncan Dhu, Enanitos Verdes y la Maldita Vecindad.

De Therian a Therian: no mamen, hay niveles.

 

 


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