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Nando y la Sociedad de la Nieve.

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  Yo me subí a un avión y no llegué jamás a mi destino. Yo me subí a un avión y a los veinte minutos de vuelo mi cuerpo yacía inerte sobre una superficie helada, en lo alto de una montaña a más de 3,500 metros de altura. Yo me subí a un avión y en la caída, perdí a mi madre y a mi hermana que me acompañaban en el viaje. Fui dado por muerto y mis amigos, los que salieron ilesos, me acomodaron sobre la nieve junto a otros cadáveres. Yo vi la muerte sentada junto a mí, esperando mi último aliento para llevarme con ella. Y de ese inmenso agujero negro, repleto de muerte y desolación, yo me escapé con el último halo de espíritu que tenía, y logré sobrevivir. Yo me levanté de entre las cenizas, recuperé mis ansias por vivir, y terminé liderando la última expedición hacia tierra firme, en busca de ayuda para mí y mis amigos. Y después... cumplí 23 años. Yo regresé de la montaña con la convicción profunda de no desperdiciar la vida que me había sido devuelta. Con la convicc...

Buen viaje Álvaro.

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  El viernes 13 de octubre de 1972, Álvaro se subió a un avión bimotor Fairchild FH-227D con destino a la ciudad de Santiago de Chile. No llegó a su destino. El avión se estrelló en un glaciar llamado Las Lágrimas ubicado en la cordillera de los Andes a 3,570 metros de altura. Al momento del impacto fallecieron 12 de los 45 pasajeros. Dos meses después, en vísperas de la navidad del mismo año, solo 16 fueron rescatados con vida. Álvaro era uno de ellos. Álvaro Mangino tenía 19 años en el momento del accidente. Lo paradójico del caso es que el no planeaba hacer ese viaje. El avión transportaba a un equipo de Rugby uruguayo junto con familiares y amigos. Iban a enfrentar al seleccionado chileno en un fin de semana largo. Álvaro recibió la invitación de última hora por parte de Marcelo Pérez del Castillo, capitán del equipo. Era la única persona a la que conocía de todos los que hicieron ese viaje. Marcelo le tuvo que insistir porque dos compañeros se habían bajado del avión...

La Sociedad de la Nieve.

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  En la Cordillera. La primera vez que leí algo sobre los sobrevivientes del accidente de los Andes, fue allá por 1983. Tenía 14 años y leí un artículo amarillista que hablaba de dos de los sobrevivientes que habían sido detenidos en la ciudad de Nueva York por andar circulando muy cerca de un cementerio. Al parecer, concluía el reportaje, andaban buscando un muerto recién sepultado para comérselo ya que el gusto por la carne humana los había transformado por completo. El texto terminaba con una breve reseña de lo acontecido en la cordillera. Fue así mi primer contacto con la tragedia y mi repulsión fue más que justificada. Mi imaginación voló y visualice a dos caníbales hambrientos en busca de comida en un cementerio. Comenté lo leído con mi querido tío Héctor, el hermano menor de mi mamá. El me contó la historia y me aconsejó que no hiciera caso de la prensa amarillista y embustera. Lo acontecido, explicó mi tío, fue una experiencia muy trágica y traumática para todos, los que mu...

El Cardiólogo

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  En la Cordillera de los Andes. Viernes 17 de Agosto del 2017.   <<Les pido que cierren sus ojos unos instantes y traten de apreciar el silencio que se siente en este lugar. Un silencio parecido es el que se percibe cuando estás en la montaña de la cordillera de los Andes, a más de 4000 metros de altura, con temperaturas de 30 grados bajo cero en las noches, perdido, medio muerto, sin agua, sin alimentos, y sin las vestimentas adecuadas. Lo sé porque yo estuve ahí, y volví para contarlo. El 13 de Octubre de 1972, un grupo de amigos y compañeros de colegio nos dirigíamos de Uruguay a Chile. Tenía 19 años, estudiaba el segundo año de medicina. Viajábamos para jugar un partido de rugby con el seleccionado juvenil chileno. Planeábamos pasar un fin de semana en la ciudad de Santiago, cumplir nuestro compromiso deportivo, y pasear por la ciudad visitando bares y lugares de ocio. En total viajábamos 45 personas, entre compañeros, familiares y amigos. La primera escala fue de M...