Herencia de Sangre
Parte I. A Quirino González le advirtieron esa noche que lo iban a matar. A la mañana siguiente, su cuerpo yacía tendido en un charco de sangre en los patios frontales de las instalaciones de Pemex, frente a la plaza cívica. Un hombre joven descendió de un auto, caminó entre el gentío de obreros que hacían cambio de turno, sacó una pistola de su gabardina, y colocó una bala calibre .38 en la nuca del hoy occiso. El disparo apenas se escuchó. Los testigos vieron al asesino caminar lentamente de regreso al automóvil, con la mirada fija en el suelo y el arma empuñada en la mano derecha. Subió por la puerta trasera y desapareció entre el tráfico, por el boulevard que lleva a la carretera Poza Rica - Papantla. Oficialmente, treinta y cinco años después, aún se desconocen las causas del crimen. La identidad de los autores, material e intelectual, es un misterio que por momentos se asoma con rumores y voces cobardes, apagadas, que murmuran muy despacio bajo las sombr...