El Ave de las Tempestades.
En el verano de 1985 tuve la fortuna de representar a mi estado, Veracruz, en una competencia nacional de atletismo. El torneo se celebró en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. Tuve también la fortuna de subirme al podio y recibir la medalla de bronce por un honroso tercer lugar nacional en lanzamiento de martillo. El primer lugar se lo llevo Artemio Cruz, mi compañero de selección, y el segundo lo gano un chavo de la UNAM. Mucha gente me felicitó. Compañeros, amigos, madres y padres de familia que habían hecho el viaje se acercaron a mí después de la ceremonia para abrazarme, tomarse una foto conmigo, y augurarme un gran futuro en el atletismo nacional. Tenía 16 años. Hubo, sin embargo, dos personas que no me felicitaron. Uno de ellos fue el entrenador en jefe de la delegación de mi ciudad, el profesor Marcos García. Solo se limitó a decirme que lo había hecho bien pero que yo había llegado a ese torneo con la mejor marca de la temporada, y por lo tanto las expectativas eran mayo...