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Mostrando las entradas de julio, 2026

Yo, Hernán | Primera Parte – De Medellín al Caribe.

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  Por ahí andan diciendo que fui un monstruo de mil cabezas, destructor, asesino y sediento de oro y plata. Para ser sinceros, ya ni coraje me da. La historia la escriben siempre otros, los de ropaje limpio y cuerpos bien alimentados, los que no vistieron una coraza de hierro bajo el sol del trópico; los que nunca estuvieron ahí. En tiempos recientes han utilizado mi nombre para enarbolar discursos de odio, leyendas negras, verdades a medias, y narrativas ideológicas que solo buscan confundir y dividir. Los discursos jamás enseñan la verdad de los hechos.  Yo no vine a estas tierras a destruir imperios ni a consumar matanzas. Vine a buscarme la vida, a explorar nuevos territorios, a extender los dominios de la corona de Castilla, y a progresar tanto como todo hombre de bien tiene derecho. Han pasado quinientos años de aquellos acontecimientos y me siguen culpando de los males que aquejan a esta bella nación. Una nación que yo mismo forjé anteponiendo mi vida en cada acto...

Hipnosis regresiva y vidas pasadas | Una historia personal.

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  La psicoanalista me preguntó qué fobia o problema quería resolver y yo le respondí que al nacer rechacé el alimento materno. Durante meses me rehusé a ser alimentado; mi madre y mi abuela emprendían una lucha diaria conmigo para vaciar diez o veinte mililitros de leche dentro de mi boca. Nunca supieron la razón de mi proceder. Con el paso de los años y durante toda mi infancia, la situación no mejoró mucho. En mis memorias más lejanas están las imágenes de mi madre angustiada por mi tendencia a comer poco. La terapeuta tomaba nota en su bitácora y aproveché para comentarle que desde mi juventud desarrollé una fobia muy especial: detesto que me regalen comida. Jamás consumo alimentos preparados por vecinos o amistades, sea quien sea. En particular si ocurre de modo espontáneo, como cuando la vecina se aparece en el portón de la casa con un tupper. Por amabilidad, nunca rechazo nada; pero siempre deposito todo en el bote de basura. -Tranquilo señor -respondió- esas fobias n...

Historias de Cafetería.

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  Parte I (La advertencia). Cuando Joaquín y Clara entraron al motel por primera vez, él le hizo una advertencia: Lo que pase al interior de estas cuatro paredes se queda entre nosotros. Clara asintió con una risa nerviosa y Joaquín insistió:  Hablo en serio, lo que vamos a hacer tú y yo no se lo puedes contar a nadie, y menos a tus amigas.  Clara levantó la mano con fingida solemnidad y prometió, conteniendo la risa, que de su boca no saldría ni una sola palabra. Una hora más tarde, Clara se tapaba la boca intentando silenciar un grito agónico que le nacía en la parte baja del vientre. Mil mariposas revolotearon sus alas en lo más profundo de su intimidad; la espalda se le arqueó, las piernas se tensaron, y los dedos de los pies se agitaron como rehiletes sin control. Del coxis emergió una corriente eléctrica que subió lentamente por su médula; se ramificó por brazos y piernas, abdomen, hombros, manos y nuca; y finalmente llegó a la base del cráneo. Abrió ...