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Mostrando las entradas de junio, 2026

Los Persas.

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  Los Persas. Corría el año 480 a.C. cuando el ejército persa se lanzó a la aventura de combatir a los griegos en su propio territorio. Al mando de aquel ejército iba Jerjes I, rey de los persas y dueño absoluto del mundo.  Su vasto imperio se extendía desde el valle del Indo hasta la zona meridional de Tracia, abarcando áreas del Asia Central, Mesopotamia, Asiria, Judea, Egipto, Anatolia (actual Turquía), y Macedonia (zona norte de la Grecia actual).  Su propósito principal era dar una lección a los griegos, cuyas colonias ubicadas en la costa occidental de Anatolia se habían rebelado al vasallaje impuesto por el gran rey. Su antecesor, Darío I, lo había intentado ya, sin éxito. Fue derrotado en la batalla de Maratón (cerca de Atenas) y eso dio lugar a una competencia deportiva que hasta la fecha se sigue celebrando en todo el mundo. Para asegurar el triunfo, el gran Jerjes planeó la invasión con al menos tres años de anticipación. Logró reunir un ejército de alr...

La oración de un padre.

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  La noche del viernes 17 de noviembre del año 2000, tomé el último autobús disponible con rumbo a la ciudad de Victoria, Tamaulipas. Iba a ver a mi padre que agonizaba en un hospital, víctima de un cáncer fulminante. Ya no lo alcancé. Semanas más tarde, mientras acomodaba sus pertenencias, encontré su cartera: credenciales, un recibo de luz, una foto antigua de su madre, y un pedazo de papel con algo escrito pero ilegible. Cuando me disponía a colocar todo en una caja, me percaté de otro pedacito de papel que no había visto.  Lo desdoblé y pude ver que había una especie de texto que aún se podía leer. El papelito contenía el siguiente mensaje:   LA ORACIÓN DE UN PADRE: Dame ¡Oh, Señor! Un hijo que sea lo bastante fuerte para saber cuándo es débil y lo bastante valeroso para enfrentarse consigo mismo cuando sienta miedo; un hijo que sea orgulloso e inflexible en la derrota honrada, y humilde y magnánimo en la Victoria. Dame un hijo que nunca doble la espalda c...

La gata bajo la lluvia.

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  Parte I (El contrato). La gata Kaya firmó un contrato de servicios especializados con los dueños de una casa abandonada. La misión: exterminar una colonia de ratas inmundas que se había instalado en el inmueble desde varios años atrás.  ¡Nada más nos fuimos y comenzaron a llegar! exclamó indignada la esposa. Ya lo habían intentado todo. Fumigaciones, raticidas, trampas metálicas, veneno envuelto en queso gruyere, mantras de la India, y hasta música de Bad Bunny. Nada funcionó. La colonia de ratas había echado raíces y se había mimetizado con el ambiente húmedo, frío y oscuro. El progreso llegó con el tiempo y fundaron colonias en el segundo piso, en el ático, en el sótano, y en la pequeña cochera de enfrente que se estaba cayendo por la madera podrida.  La estufa de la cocina la destinaron desde un principio como alcoba nupcial para la primera rata y su distinguida pareja sentimental. Con el progreso también llegó la bonanza alimentaria y las nuevas gen...