Los Persas.
Los
Persas.
Corría el año 480 a.C. cuando el ejército persa se lanzó a la aventura de combatir a los griegos en su propio territorio. Al mando de aquel ejército iba Jerjes I, rey de los persas y dueño absoluto del mundo.
Su vasto imperio se extendía
desde el valle del Indo hasta la zona meridional de Tracia, abarcando áreas del
Asia Central, Mesopotamia, Asiria, Judea, Egipto, Anatolia (actual Turquía), y
Macedonia (zona norte de la Grecia actual).
Su propósito principal era dar
una lección a los griegos, cuyas colonias ubicadas en la costa occidental de
Anatolia se habían rebelado al vasallaje impuesto por el gran rey. Su
antecesor, Darío I, lo había intentado ya, sin éxito. Fue derrotado en la
batalla de Maratón (cerca de Atenas) y eso dio lugar a una competencia
deportiva que hasta la fecha se sigue celebrando en todo el mundo.
Para asegurar el triunfo, el gran
Jerjes planeó la invasión con al menos tres años de anticipación. Logró reunir
un ejército de alrededor de 300,000 soldados. Caballería, infantería, armada
naval, y un ejército interminable de personas, animales y sistemas de
almacenamiento que aseguraban la provisión de alimentos, agua, servicios
médicos, religiosos y postales.
Uno de los grandes retos que
enfrentó Jerjes fue movilizar su ejército a través del mar. Para llegar a
tierras griegas de manera segura, era necesario cruzar un estrecho llamado
Helesponto (el actual estrecho de los Dardanelos) que une Asia con Europa.
Para hacerlo ordenó la
construcción de un puente flotante (sobre el mar) con barcos fuertemente unidos
entre sí por medio de gruesas cuerdas hechas de lino y de papiro; para
mantenerlos fijos en el mar utilizó pesadas anclas de hierro.
La idea era construir (sobre los
barcos) una calzada de tierra y maleza que permitiera el libre paso de su
ejército. El primer intento fracasó. Una tormenta destruyó la calzada y hundió
varias embarcaciones.
Jerjes montó en cólera y ordenó
dos castigos ejemplares: ejecutó a los ingenieros encargados del proyecto, y al
mar lo mandó azotar trescientas veces. A los ingenieros por ineptos y al mar
por atreverse a contrariar los planes del gran rey, amo absoluto de Asia y de
los mares.
En el segundo intento, Jerjes
consolidó una de las obras de ingeniería más asombrosas de la antigüedad.
Construyó un puente flotante sobre el mar y logró movilizar a todo su ejército
a través de él, garantizando el arribo a la plataforma continental de los
griegos.
Este conflicto quedó registrado
en los libros de historia bajo el nombre de Guerras Médicas.
Jerjes enfrentó a los griegos en
las Termópilas, en donde un reducido grupo de soldados espartanos (griegos del
sur) contuvieron el avance y aseguraron la reorganización de la flota naval
ateniense.
Posteriormente se enfrentaron en
el mar. Dos grandes flotas navales lucharon a muerte en la isla de Salamina,
muy cerca del puerto del Pireo. Los persas volvieron a perder.
Al final, Jerjes regresó a Persia
sin haber conquistado Grecia y esto contribuyó a la consolidación del prestigio
del pueblo griego en el escenario mundial de la época.
Los persas lo volverían a intentar,
pero nunca lograron recuperarse del todo de aquella derrota. Ciento cincuenta
años más tarde, el imperio persa sería finalmente conquistado por un griego
macedonio: Alejandro Magno.
Dos mil quinientos años han
transcurrido desde aquellos acontecimientos, y los persas han acaparado de
nuevo la atención mundial.
La República Islámica de Irán, en
una guerra frontal contra Israel y los Estados Unidos de América, decidió
apoderarse de otro estrecho: Ormuz.
Ante la imposibilidad de derrotar
al ejército más poderoso del mundo, y su negativa a someterse a las exigencias
de Israel y Estados Unidos, Irán decidió escalar la guerra de lo regional a lo
mundial: llenó el estrecho con minas explosivas y con ello lanzó un dardo
envenenado al mundo entero.
Por el estrecho de Ormuz circula
el 20% de la producción mundial de petróleo y gas natural licuado. Países como
Kuwait, Qatar, Bahréin, Emiratos Árabes y Arabia Saudita, movilizan su petróleo
por el golfo pérsico y su tránsito por el estrecho es obligado.
Su cierre ha producido desabasto
y una escalada de precios en los mercados internacionales. Se han generado
también nuevas coyunturas geopolíticas de alto riesgo, tanto regional como
global.
México, a pesar del plan
implementado para mitigar los efectos, no puede permanecer ajeno a esta
situación. El alza en los precios del crudo es una realidad. Alrededor del 60%
de la gasolina que se usa en el país es importada, principalmente de Estados Unidos.
El impacto también se puede sentir en los precios de alimentos y fertilizantes.
Ante esta coyuntura, el mundo
recibió con alivio la firma de un acuerdo de paz entre Irán y los Estados
Unidos. Ocurrió el pasado 19 de junio del año en curso en Bürgenstock, un hotel
de lujo ubicado en los alrededores del lago de Lucerna, en Suiza.
Es un acuerdo frágil, hay que
decirlo, con pocas probabilidades de éxito a mediano y largo plazo. Pero es un
acuerdo a fin de cuentas, y representa el primer acercamiento serio entre ambas
partes después de largos meses de negociaciones fallidas.
En México y en el mundo entero se
espera que finalmente aparezca la luz al final del oscuro camino. Un camino que
ha llevado al pueblo iraní al borde de la destrucción, y al resto del mundo a
una vorágine de desabasto y escalada de precios.
Referencias:
Heródoto. Los 9 libros de
historia. Ed. Porrúa.
IMER Noticias. De Ormuz a México:
crisis global impacta precios.

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