Las Memelosky.
Lo que más llamaba la atención a primera vista era su pelo, rubio platinado. Lo segundo era su estatura, superior al promedio. Las potentes lámparas LED que pendían del techo acentuaban la palidez de su piel blanca nacarada, y los que la miraban de cerca a la cara notaban de inmediato el doble color de sus ojos, azul celeste y verde avellana. Envuelta en una blusa de lino color violeta pálido, con mangas desbordadas en las muñecas, tirantes a la altura de los hombros y un escote modesto que no ocultaba la turgencia y simetría de sus senos, caminaba con cautela y elegancia, con el sigilo de una pantera, intentando pasar desapercibida. ¡Como si eso fuera posible! El pantalón blanco entallado en lycra, mostraba al mundo la perfección que un ser humano puede alcanzar cuando se combina con sabiduría la genética y el ejercicio bien planificado, con rutinas enfocadas a robustecer glúteos y piernas. Solo así se podía entender ese cuerpo escultural, bien torneado, firme, como esculp...