Yo acuso.
En mi último trabajo en una fábrica de manufactura tuve un compañero, ingeniero titulado y con puesto de gerente, que era incapaz de realizar operaciones aritméticas con la calculadora. Siempre me pregunté cómo era posible que alguien así ocupara un puesto tan importante. Y no era el único. A lo largo de mi vida laboral en maquiladoras pude conocer gente en puestos de mando que muy apenas podían escribir un correo electrónico, con faltas de ortografía y deficiencias gramaticales significativas. Muchos de ellos con títulos de maestría colgando en las paredes de sus oficinas. En mi época de estudiante era común ver compañeros, de ambos sexos, practicando el milenario arte de los acordeones durante los exámenes. Algunos eran bastante creativos y otros muy descarados. Con una frialdad patológica sacaban acordeones, cuadernos y apuntes del celular, justo frente al docente, sin experimentar miedo ni remordimientos. Hoy descubrí que el que estaba en el lado equivocado de l...