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Yo, Hernán | Segunda Parte - CUBA

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  En el año de 1511 de la era del Señor, con veintiséis años recién cumplidos, dejé atrás la isla de La Española, República Dominicana, y me embarqué rumbo a Cuba en una expedición de conquista financiada y dirigida por Diego Velázquez de Cuéllar. Este me ofreció el puesto de secretario particular, y yo acepté sin titubeos. Permanecí en Cuba durante ocho años y mi estancia en aquella isla estuvo marcada por los conflictos con el nuevo gobernante. Todo inició al poco tiempo de haberme instalado. Un grupo de colonos españoles, indignados por los malos tratos y la ambición desmedida de Velázquez, decidieron elevar sus protestas al rey, Don Fernando de Aragón, y a su hija, la reina Juana de Castilla.  A escondidas del gobernador, me eligieron para ser el portavoz de una misiva que debía ser entregada en primera instancia a Diego Colón, en La Española. Velázquez, enterado del asunto, me hizo detener y me mantuvo encarcelado durante un tiempo hasta que logré demostrar mi inocencia. ...

De camino a la escuela | In Memoriam.

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    Poza Rica, Veracruz. Verano de 1974.   El verano de 1974 fue genial según como lo recuerdo. Nos cambiamos de casa, una igual de pequeña, pero con un patio grande que se compartía con otros inquilinos. Aquel patio tenía columpios, una resbaladilla, árboles que daban sombra, y un campito con zacate donde se podía correr y jugar fútbol.   A mis cinco años era lo más cercano al paraíso.   Mis dos vecinos de la casita de al lado compartían mi pasión por el juego, y juntos dedicábamos la mayor parte de nuestro tiempo a emular las hazañas de los grandes jugadores que habían participado en el mundial de Alemania 74.   Un tal Johan Cruyff era el más celebrado entre los comentaristas. Aunque perdió la final, todo mundo decía que era el mejor jugador del momento. Todos queríamos ser él cuando repartíamos nombres antes de jugar.   La gran decepción fue Pelé, que ya no se presentó a la contienda y nos perdimos el gran honor de verlo en tiempo real. Ya está gr...

Yo, Hernán | Primera Parte – De Medellín al Caribe.

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  Por ahí andan diciendo que fui un monstruo de mil cabezas, destructor, asesino y sediento de oro y plata. Para ser sinceros, ya ni coraje me da. La historia la escriben siempre otros, los de ropaje limpio y cuerpos bien alimentados, los que no vistieron una coraza de hierro bajo el sol del trópico; los que nunca estuvieron ahí. En tiempos recientes han utilizado mi nombre para enarbolar discursos de odio, leyendas negras, verdades a medias, y narrativas ideológicas que solo buscan confundir y dividir. Los discursos jamás enseñan la verdad de los hechos.  Yo no vine a estas tierras a destruir imperios ni a consumar matanzas. Vine a buscarme la vida, a explorar nuevos territorios, a extender los dominios de la corona de Castilla, y a progresar tanto como todo hombre de bien tiene derecho. Han pasado quinientos años de aquellos acontecimientos y me siguen culpando de los males que aquejan a esta bella nación. Una nación que yo mismo forjé anteponiendo mi vida en cada acto...

Hipnosis regresiva y vidas pasadas | Una historia personal.

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  La psicoanalista me preguntó qué fobia o problema quería resolver y yo le respondí que al nacer rechacé el alimento materno. Durante meses me rehusé a ser alimentado; mi madre y mi abuela emprendían una lucha diaria conmigo para vaciar diez o veinte mililitros de leche dentro de mi boca. Nunca supieron la razón de mi proceder. Con el paso de los años y durante toda mi infancia, la situación no mejoró mucho. En mis memorias más lejanas están las imágenes de mi madre angustiada por mi tendencia a comer poco. La terapeuta tomaba nota en su bitácora y aproveché para comentarle que desde mi juventud desarrollé una fobia muy especial: detesto que me regalen comida. Jamás consumo alimentos preparados por vecinos o amistades, sea quien sea. En particular si ocurre de modo espontáneo, como cuando la vecina se aparece en el portón de la casa con un tupper. Por amabilidad, nunca rechazo nada; pero siempre deposito todo en el bote de basura. -Tranquilo señor -respondió- esas fobias n...