El sueño de Daniel.
Daniel tocó a la puerta de la casa ubicada en la esquina de las calles 20 y Guadalupe, al sur de la ciudad; muy cerca de las vías del tren y del río San Marcos. Doña Amalia, la dueña, se asomó por la ventana y vio el rostro ansioso de aquel niño de nueve años y preguntó qué se le ofrecía. A Daniel le urgía hablar con su amigo Oscar y contarle el sueño que había tenido la noche anterior. La turbación era evidente en el rostro del muchacho, y doña Amalia le hizo ver que su nieto aún no llegaba de la escuela. Ven a verlo como a las seis, ya que haya comido y hecho la tarea. Daniel regresó a su casa cabizbajo, con las manos en los bolsillos de su pantalón corto, y pateando las piedras que se encontraba en su camino. Y lo esperó debajo de un árbol durante horas. Justo a las 6 de la tarde, después de dos horas frente al televisor, Oscar salió al encuentro de su amigo. El sol comenzaba a ocultarse detrás de la cordillera de la sierra madre oriental. Con la luz del día remane...