El vuelo del colibrí.

 


Un fuego descontrolado arrasaba con los árboles y la vegetación de una zona del bosque. Los animales huían despavoridos y la ayuda no se veía por ningún lado.

El tigre, que observaba desde lejos conmovido, se sorprendió al percatarse de un colibrí que volaba en dirección al fuego. Intentó advertirle, pero fue en vano. Después de un rato, el colibrí pasó volando de regreso en dirección al río ubicado al otro extremo del bosque. Lo siguió con la vista y vio como llenaba su pico de agua para después volar de regreso al fuego y verter el agua sobre este.

—¡Colibrí! ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué no huyes como los demás? ¡No podrás apagar el fuego tú solo! ¡Sálvate!

El colibrí respondió agitado, casi al borde del colapso:

—Yo no sé si lograré apagarlo. Solo estoy haciendo la parte que me corresponde.

Esta historia es una versión resumida de la antigua fábula del colibrí, contada generación tras generación entre las tribus quechuas y guaraníes, al sur del continente americano.

La fábula transmite una enseñanza fundamental: el compromiso de cumplir con nuestras obligaciones aun con las circunstancias en contra. Es la convicción de hacer lo que tenemos que hacer sin importar las adversidades, ni las condiciones caóticas que a menudo están fuera de nuestro control.

Es sufrir nadando contra la corriente mientras otros lo hacen cómodamente, al compás del ritmo que marcan los tiempos y las conveniencias.

Es, en última instancia, esforzarse por hacer bien las cosas, con la satisfacción del compromiso cumplido, sin importar la crítica y el rechazo, o la falta de reconocimiento. 

El pasado 15 de mayo se celebró en México el Día del Maestro. Esta celebración se realiza desde 1918 y con ella se busca, entre otras cosas, reconocer y visibilizar la labor de los docentes en las escuelas. 

La educación es uno de los pilares más importantes de una sociedad. Sobre esta recae la responsabilidad de transmitir los valores culturales a las nuevas generaciones, perpetuar los saberes y preparar a los niños y jóvenes para los retos del mundo contemporáneo.

No obstante lo anterior, los datos duros indican que la educación en México está en crisis. Lo sabemos por los indicadores especializados internacionales. Uno de ellos es la prueba PISA, la cual es gestionada por la OCDE y se aplica cada tres años a estudiantes de quince años, en más de ochenta países. La última se realizó en 2022.

La prueba PISA evalúa tres áreas de competencias: Lectura, Matemáticas y Ciencias.

Los resultados de la última prueba ubican a México en la antepenúltima posición de los 37 países miembros de la OCDE.

De acuerdo con estos resultados, solo un 53% de los estudiantes en México presentan un nivel básico de Lectura mientras que el promedio de la OCDE es del 74%. Los datos en Ciencias y Matemáticas presentan situaciones similares.

Ante un panorama que parece desértico, surge la pregunta inevitable: ¿hay algo que celebrar el Día del Maestro?

La respuesta, a título personal, es un sí rotundo.

Yo celebro a todos los maestros y maestras que, a pesar de las inclemencias de las estadísticas internacionales, se esfuerzan cada día por impartir enseñanza de calidad en sus salones de clase.

Son maestros que, sin importar las carencias del sistema, se lanzan a la aventura de educar y lo hacen con responsabilidad y compromiso, dando su mejor esfuerzo, haciendo un despliegue de vocación pura en los contextos adversos.

Yo celebro a los maestros y maestras colibrí, que aun sabiendo que no podrán resolver los problemas estructurales del sistema educativo, vierten todos los días el agua pura del conocimiento sobre cada uno de sus alumnos; y lo hacen con la convicción que emerge desde el amor a la profesión, conectada con la didáctica y la metodología.

Porque cuando suena el timbre y la puerta del salón se cierra, la magia aparece y el docente guía el desarrollo intelectual, emocional y conductual de sus pupilos…y el país entero lo sabe y lo aplaude.

Por todos aquellos docentes colibrí:

¡Feliz Día del Maestro!

PD: Dedico este artículo a la maestra Carmen, mi maestra colibrí. La única que creyó en mí cuando las estadísticas apostaban 10 a 1 en mi contra. Ella ya no vive entre nosotros, partió al cielo hace muchos años, pero vive intensamente en mi corazón desde aquel día que tomé su primera clase, en sexto año de primaria. Mi más sincero agradecimiento y gratitud infinita.


Referencias:

México desconocido. Página Web.

La fábula del colibrí. Anónimo. Antigua leyenda quechua y guaraní.

Secretaría de Educación Pública. Gobierno de México. Página Web.

EnBoga Portal. Página Web.


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